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La eficiencia técnica de un purificador de aire se define por su capacidad de entrega de aire limpio (CADR), una métrica que determina cuántos metros cúbicos de aire purifica el equipo por hora. Para asegurar un ambiente libre de contaminantes en tu sala o dormitorio, el dispositivo debe ser capaz de renovar el volumen de aire del espacio al menos cinco veces por hora. La integración de filtros HEPA 13 es el estándar no negociable para retener partículas de hasta 0.3 micras, incluyendo polen, ácaros y restos de moho. En zonas con alta densidad de tráfico o mascotas, un prefiltro lavable y una etapa de carbón activado son esenciales para neutralizar compuestos orgánicos volátiles (COV) y olores persistentes.
Para realizar una inversión inteligente que realmente impacte en tu bienestar, analiza estas especificaciones:
Técnicamente, sí. Al capturar las partículas suspendidas antes de que sean inhaladas, los purificadores reducen la carga alérgena del ambiente. Los usuarios suelen notar una mejora significativa en la congestión nasal y la calidad del sueño desde la primera semana de uso constante.
Para obtener resultados óptimos, lo ideal es mantenerlo en modo automático las 24 horas del día. Los motores DC modernos consumen menos que un foco LED de 10W, por lo que el impacto en tu recibo de luz es mínimo comparado con el beneficio de respirar aire puro.
El purificador elimina partículas sólidas y gases del aire mediante filtros físicos. El deshumedecedor se enfoca exclusivamente en reducir el porcentaje de vapor de agua para evitar el moho en paredes y ropa. En ciudades húmedas, ambos equipos suelen complementarse para lograr un ambiente técnico perfecto.